Notice: Undefined index: diario_lector_id in /var/www/diarios_v2/index.php on line 303 Stanley Kubrick, creador iconoclasta y rebelde con las intolerantes medidas de Hollywood - Noticia - - Diario Cine - Especiales
En 2001, una odisea espacial, que también se vuelve una metáfora de la necesaria introspección intelectual y espiritual, el director utilizó, como ningún otro creador, una pródiga banda del sonido original en donde evocó piezas de la música clásica que aparentemente provocarían un evidente anacronismo al ser sincronizadas con las imágenes de un posible futuro, pero Kubrick logró el milagro de crear un inconmensurable ballet sideral, con la precisión técnica de sus maquetas y miniaturas (avaladas por la NASA), y los extraordinarios sonidos creados por gente como: Richard Strauss, Johann Strauss, Gyorgy Ligeti y Aram Khachaturian. Además de que creó a uno de los grandes villanos del séptimo arte mundial, la inexpresiva y ominosa voz de la súper computadora HAL 9000 (incorpóreo antagonista que fue interpretado por el actor canadiense Douglas Rain), además de la participación de actores como Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester, Daniel Ritcher, quienes interpretan a la malograda y abandonada tripulación que tiene que investigar un extraño fenómeno en una luna jupiteriana en donde se halla un extraño monolito que genera ondas de radio que transmiten mensajes inteligentes, con la citada y compleja conclusión. Con esta cinta, Kubrick logró uno de los momentos más altos de la historia artística y creativa del cine mundial.
En 1975 presentó su épica adaptación de la novela del decimonónico escritor William Makepeace Thackeray (1811-1863), titulada Barry Lyndon, en donde Kubrick ideó junto a su fotógrafo John Alcott un sistema de luces naturales que le imprimió un tono de veracidad y romanticismo a la historia del arribista soldado irlandés que le da título a la obra, que aspiraba con toda vehemencia ser parte de la aristocracia, aún sacrificando lo más valioso y sagrado, interpretado con la suficiente dignidad por el actor estadunidense Ryan O’Neil, aunque la cinta no fue acogida con el mismo entusiasmo de sus obras anteriores por parte de la crítica.
Pasos temporales: la relación con Walter/Wendy Carlos
En su siguiente proyecto el director, que para esas alturas ya se había avecindado en Inglaterra huyendo del nefasto Studio System hollywoodense, en un acto de congruencia ética, en donde por ningún motivo volvería a renunciar a sus decisiones artísticas como ocurrió con su experiencia en la filmación de Espartaco y jamás cedería el control de ninguna de sus producciones, convirtiéndose en uno de los pocos artistas que ha retado los vulgares intereses de la llamada meca del cine, que para efectos prácticos respetó la posición del artista, se embarcó en la realización de la cinta basada en la novela del penetrante escritor inglés Anthony Burgess (1917-1993), titulada Naranja mecánica (A clockwork orange), obra que narraba las aventuras existenciales, emocionales y sentimentales de un furibundo joven, de un plano futuro no muy lejano y mucho menos desconocido.
Alex DeLarge (el emblemático Malcolm McDowell) es un joven delincuente sicopático y violento, de una Inglaterra devastada por la industrialización, que escucha a Beethoven y que en sus ratos de ocio comete delitos a diestra y siniestra, con su indolente banda. Las aventuras y desventuras del joven personaje fueron magnificadas y subrayadas por la sabia participación de los sonidos electrónicos del sintetizador Moog en la banda del sonido original por el músico Walter Carlos (14 de noviembre de 1939, Pawtucket, Rhode Island), talentoso pianista que adaptó y ejecutó con las modernas técnicas de grabación (de ese entonces) y con el apoyo del prodigioso teclado creado por el ingeniero Robert Moog obras de Ludwig Van Beethoven, sir Edward Elgar, Gioachino Rossini y piezas de su propia autoría, consiguiendo un inolvidable e influyente soundtrack, que apuntaló la leyenda de la película y la convirtió en objeto de culto.
Con el tiempo, el músico cambió de género y se convirtió en la apasionada Wendy Carlos, y bajo esta nueva personalidad sexual apoyó a Kubrick en la música para la película, catalogada bajo la etiqueta del nuevo subgénero llamado terror psicológico, titulada El resplandor (The shining, 1981), en donde igualmente desarrolló una destacada galería de sonidos que magnificaron las poderosas imágenes de una historia en donde interviene lo sobrenatural y lo paranormal, en inquietante escenario de la soledad de un deshabitado hotel de verano enclavado en una nevada colina, en donde la sicopática personalidad del mediocre y frustrado escritor Jack Torrance (el excelso Jack Nicholson) deviene en emergente y sanguinario homicida, por la influencia de rencorosos espíritus que habitan ese maldito y solitario albergue montañés.
Cuando los sueños nos alcanzan con los ojos bien abiertos
Con el paso del tiempo, Kubrick se fue haciendo más renuente con las intolerantes medidas del mercado del cine actual. Espaciando su obra por largos periodos, el genial artista cerró su extraordinaria trayectoria con dos cintas más. En el año de 1987 presentó su sobrecogedora crónica de la “institucionalización patriotera” de las mentes y corazones jóvenes estadunidenses, para transformarlos en precisas y frías máquinas asesinas bajo el pomposo título de marines, para ser enviados a combatir al conflicto del sudoeste asiático de los años 60, en la obra titulada Cara de guerra (Full metal jacket). Seguida de la largamente esperada Ojos bien cerrados (Eyes wide shut), filme en el que el realizador se llevó varios años en su conclusión, con varios conflictos entre los actores y con un resultado que no satisfizo del todo a sus seguidores y a los especialistas en la materia.
El filme fue protagonizado por la pareja en la vida real de Tom Cruise y Nicole Kidman, basado en la obra Traumnovelle del escritor austriaco Arthur Schnitzler (1862-1931), que recrea el sentido de una aventura erótica de un frustrado hombre de mediana edad, que mezcla la urgencia de sus deseos reprimidos con su asfixiante realidad y situaciones oníricas. Esta pieza se volvió la obra póstuma del intenso artista, ya que el 7 de marzo de 1999, a los 70 años, falleció de un ataque cardiaco.
En proyecto quedó su ambiciosa adaptación de una película biográfica de Napoleón y el texto que meses más tarde realizaría Steven Spielberg, que fue titulado como Inteligencia Artificial (A.I.: Artificial Intelligence).
Con la muerte del maestro Stanley Kubrick, el cine mundial perdió a uno de sus integrantes más iconoclastas y rebeldes, autor de una sustanciosa obra que seguirá influyendo a los espectadores por mucho tiempo y en la que no cedió ningún ápice de control creativo, con la extraordinaria galería de personajes y magistrales secuencias logradas por este genial artista de origen neoyorquino.
Finalmente, y rescatando una de sus declaraciones en donde manifestó la intensidad de su arte, finalizamos este breve recordatorio, con la afirmación que dice:
“La pantalla es un medio mágico. Es algo tan poderoso eso de poder retener el interés, para convertirlo en una emoción y sentimientos, que ninguna otra forma de arte puede ejecutarlo”.