Leticia Brédice tiene un año activo y revoltoso. Tratándose de ella, nada nuevo, podrán pensar algunos. A la actriz que revoluciona las revistas de la farándula cuando se dispara alguna noticia de su vida privada la peinan para una producción de fotos de un diario dominical.
Aclara, por si quedaron dudas: "No es cierto que me enamoran los directores maduros y con pancita". Publicaron que tuvo un romance con Francis Ford Coppola. Brédice es noticia. Este año protagoniza, junto con Darío Grandinetti, El frasco , el nuevo film de Alberto Lecchi que se estrena esta semana; además, fue parte de la nueva empresa cinematográfica que encaró el director de El Padrino . Es una de las actrices de Tetro, que se estrenará el año venidero y que se rodó en Buenos Aires durante 2008.
Luego de quince años de hacer cine, ¿evaluaste tu carrera?
Sí, lo hago porque ya tengo edad: pasados los 20 años, todo cambia. Además, tengo un hijo, debo pensar en él. Evalúo mi carrera revisando mi economía. Si lo analizo fríamente, no trabajo para comprarme un BMW. Me hago la idea de que tengo que seguir trabajando siempre. No puedo olvidarme de que vivo en un país donde existió el corralito y donde siempre aparece alguna sorpresa económica.
Hace unos años anunciaste "una bomba cinematográfica que todo el mundo va a querer en el cine de su barrio", ¿a qué te referías?
Algo me acuerdo, pero seguro que no fue una bomba (risas). Me refería a la película de Diego Kaplan , ¿Sabés nadar?, que produjo Juan Cruz Bordeau; él es mi amigo desde que empecé a trabajar en cine. Esa película me pareció un golazo, un film verdaderamente barrial. Tengo un buen recuerdo de ese trabajo: fue uno de los primeros que hice.
¿Qué es lo más agotador del trabajo de actriz?
Nada, de ser actriz no me agota nada. Me gusta todo, inclusive esperar un trabajo. Amo a los actores, los defiendo, no me gusta que se hable mal de ellos, así como tampoco de los directores. Amo el mundo del espectáculo y, aunque creo que el periodismo destrozó muchas etapas de mi vida, no reniego de eso tampoco. Sí me pongo misteriosa: cuando explota una bomba, prefiero guardar silencio. No quiero aclarar nada, ni hacerles entender nada, no creo que eso sea algo que deba hacer yo. La vida de un actor es parte de su misterio.
¿Quedaste satisfecha con tu labor en El frasco ?
Me cuesta verme en el personaje de Romina, tal vez porque no tenemos puntos en común. Romina es sumisa y tiene una vida muy oscura, está muy caída. Es una maestra como puede y no como desearía. Hasta que un día se anima a hablarle al chofer del micro del pueblo para que le lleve un frasco de orina a un sanatorio. Así comienzan su relación. En ese momento ella empieza a descubrir que puede vivir de otra manera. Es una mujer que se quedó muchos años sin vivir, solo aguantando. Cuando vi la película con mi hermana, me habló de todo lo que le gustó, y cuando le pregunté qué le pareció mi papel evadió la respuesta. "Ella es muy triste", me dijo al final. A mí me gusta lo que hice.
¿Cómo trabajás tus personajes?
Es un secreto (risas). Por lo general, es un trabajo que hago con el director. Propongo todo el tiempo cosas. Me encanta hacer eso. Creo descubrir el lenguaje de los personajes y empiezo a tachar los libros. "Ella no puede decir esto", me digo y elimino líneas. Después los directores me dicen: "Sí, ella puede decir esto, así que no taches más". A veces hay cosas que puedo defender, otras no; pero me cuesta asumir mi debilidad en esos roles. En Cenizas del Paraíso no me quise teñir para mi personaje y Marcelo Pineyro se puso firme y me dijo: "Te teñís".
¿Y cuál de tus personajes es el que más te gusta?
Todos me gustan. Para mí es como un matrimonio distinto que me une a cada director. Yo entrego alma, vida, corazón y, a veces, ¡sangre!, porque me pegan más que mis parejas (risas).
¿Qué significó para vos trabajar con Coppola?
En Tetro me dije: "¡Soy actriz!", porque ponerme a hacer esto delante de tanta gente... Los técnicos de la película un día me dijeron: "Hoy te ganaste el día, Leticia". Había trabajado mucho y bien, y si te lo dicen los técnicos, que son los últimos que se van y ven todo, significa que es así. Fue un día en el que Coppola me hizo repetir una escena como cuarenta veces. Cambiaba una cámara y hacíamos veinte veces la escena; volvía a cambiar de cámara y la repetíamos veinte veces. Tiene una fe ciega en los actores: sabe que lo que vas a hacer lo podés hacer siempre mejor. Fue un trabajo agotador. En Tetro hago un personaje que exterioriza mucho.
¿Trabajar con Coppola despertó alguna fantasía laboral?
Sí, porque a mí este trabajo me salva la vida. Mi motor es esta profesión. Creo que siempre puedo hacer algo mejor. Aunque mi fantasía es hacer películas que ya están hechas. Me hubiera encantado actuar en Orlando , o en La lección de piano . De acá me hubiera gustado interpretar el personaje que hace Susú Pecoraro en Tacos altos . También sueño con trabajar con algunos directores argentinos, como Adolfo Aristarain, Alejandro Agresti o Fernando Spiner.